Es cada vez más común ver a padres y madres llegar a nuestro servicio visiblemente sorprendidos: han sido llamados porque su hijo/a fue sorprendido/a consumiendo cannabis en la calle, y no saben cómo reaccionar. “Yo creo que mi hijo/a no fuma”, dicen, como si fuera impensable que eso pudiera estar ocurriendo en casa. Pero la realidad nos muestra otra cosa: muchos/as adolescentes empiezan a experimentar con sustancias mucho antes de que la familia lo note… o lo quiera aceptar.
La negación: Un obstáculo silencioso
Uno de los principales retos en la prevención es la negación. Negar o minimizar lo que está ocurriendo no evita el problema; al contrario, le da espacio para crecer. Es frecuente escuchar frases como “seguro fue algo puntual” o “todos los/as jóvenes prueban alguna vez”. Este tipo de discursos, aunque bienintencionados, desarman la posibilidad de intervención temprana.
La negación familiar no solo retrasa el acceso a la ayuda profesional, también transmite un mensaje contradictorio al adolescente: “esto no es tan grave”. Y si la familia no lo ve como un problema, ¿por qué lo vería él o ella?
La familia: El primer sistema de protección
El entorno familiar es la primera línea de prevención. No desde el control absoluto, sino desde la conexión. Saber quiénes son sus amigos/as, cómo se sienten, qué están buscando o de qué están huyendo. Prevenir no es poner una alarma en la puerta ni instalar geolocalización en el móvil….
A veces, cuando las familias insisten en el control como solución, les lanzo una frase que uso con cierta ironía, pero que deja huella:
“Si el problema son los peligros de fuera, entonces enciérralo en casa con una cadena. Pero ya te digo que eso tampoco funciona.”
Porque el verdadero trabajo es otro: construir estrategias de afrontamiento, fortalecer la autoestima, enseñarles a manejar la frustración, el aburrimiento, la presión del grupo. Eso no se resuelve con un candado. Se resuelve estando cerca, escuchando, y educando con coherencia.
Y ahora, ¿qué hacemos?
Muchas veces, la primera reacción ante el descubrimiento del consumo es el enfado o el castigo. Sin embargo, es importante entender que el consumo, sobre todo en adolescentes, puede ser una señal de malestar, de búsqueda o de pertenencia. La respuesta familiar no debe ser únicamente punitiva, sino orientada a comprender qué está detrás de esa conducta.
Buscar ayuda profesional no es “hacer un escándalo”, es asumir que no siempre tenemos todas las respuestas y que intervenir a tiempo puede hacer una gran diferencia. La adicción no aparece de un día para el otro, pero tampoco se revierte con una sola “charla”.
Hablar sobre drogas no incita al consumo. Silenciar el tema sí puede facilitarlo. Por eso, es importante que las familias se animen a conversar, incluso cuando no haya señales de alarma. Promover hábitos saludables, fomentar espacios de ocio compartido, interesarse genuinamente por el mundo de los/as adolescentes… todo suma.
Noelia Palazón
Orientadora Familiar del Servicio PAD

