Las adicciones no afectan a todos por igual. El género no es solo una cuestión biológica (sexo), sino un constructo social y cultural que define cómo se espera que una persona actúe, sienta o se relacione según sea hombre, mujer u otra identidad de género. Estas expectativas influyen en:
- La forma de relacionarse con los demás.
- La manera de enfrentar problemas o emociones.
- El acceso a recursos como la salud, la educación y el apoyo emocional.
Cuando se habla de adicciones, esto tiene un gran peso en cómo, por qué y cuándo una persona empieza a consumir sustancias.
Mientras que los chicos suelen empezar a consumir por presión social, desafío a la autoridad o búsqueda de sensaciones fuertes, en las chicas es más común que el consumo se relacione con la gestión de emociones negativas, estrés o traumas.
Estas diferencias también se reflejan en el mantenimiento de la adicción. Los chicos tienden a normalizar el consumo en contextos sociales, mientras que las chicas pueden desarrollar una relación más silenciosa y oculta con las sustancias, a menudo asociada con ansiedad, depresión o problemas de autoestima y vergüenza de cara a su entorno social o familiar. Esto hace que, en muchos casos, la detección del problema en chicas sea más tardía y el acceso a tratamiento más complicado.
La detección precoz: un papel clave para familias y profesionales
Detectar a tiempo el inicio del consumo o una posible adicción es fundamental para intervenir antes de que el problema se agrave, ya que una detección temprana mejora el pronóstico, es más fácil modificar conductas en etapas iniciales que cuando ya hay dependencia. Padres, madres, tutores legales y educadores deben estar atentos a señales como: cambios bruscos de humor, cambios en el peso, descuidos en la higiene personal, descenso en el rendimiento escolar, alteraciones en el sueño, pérdida de interés por actividades habituales o nuevas amistades con comportamientos de riesgo.
El género también influye en estas señales. En los chicos, el consumo suele manifestarse con conductas impulsivas, desinhibición y desafío a normas familiares o escolares. En las chicas, es más común que el consumo se asocie con síntomas emocionales como ansiedad, tristeza o aislamiento. Estas diferencias requieren enfoques específicos para que la intervención sea eficaz.
¿Cómo actuar ante una sospecha?
Se pueden dar diferentes contextos en los que poder actuar ante una sospecha:
FAMILIAR: Las familias deben estar atentan a cambios sutiles en sus hijos e hijas, y fomentar comunicación y diálogo, sin minimizar sus cambios de humor repentinos, no ignorar excusas o cambios de amistades sin justificación, establecer rutinas y límites claros y establece espacios de confianza donde poder hablar sobre temas difíciles. Acompañarlos en el proceso sin cuestionamientos ni enjuiciamientos y buscar ayuda de recursos necesarios.
ESCOLAR: El centro educativo es el espacio donde los y las adolescentes pasan su mayor parte del tiempo, los docentes y tutores, además de dotar al alumnado con conocimientos sobre diferentes materias, también son agentes referentes y de confianza para su alumnado. Su papel de observadores, cercanos y objetivos no debe pasar por alto cambios a nivel físico, psicológico y académico de los jóvenes. Deben estar atentos a su rendimiento escolar, motivos de absentismo, cambios de humor, aislamientos repentinos o cambios en su grupo de iguales. Todos estos indicadores pueden ser útiles para propiciar un acercamiento y proporcionar:
- Una escucha sin juzgar: La reacción inicial puede marcar la diferencia. Es importante evitar actitudes confrontativas o punitivas, ya que el miedo o la vergüenza pueden alejar a los jóvenes de la ayuda que necesitan.
- Fomentar el diálogo: Crear espacios seguros donde puedan expresar lo que sienten sin temor a ser castigados o incomprendidos. Preguntas abiertas como “¿Cómo te has sentido últimamente?” pueden ser un buen punto de partida.
- Ofrecer y buscar ayuda profesional en caso necesario: Si hay señales claras de consumo o riesgo de adicción, acudir a un especialista en salud mental o prevención de adicciones es clave para recibir orientación adecuada.
- Fortalecer los factores de protección: El deporte, las actividades artísticas, la educación emocional y el refuerzo de la autoestima ayudan a reducir la vulnerabilidad ante el consumo.
10 Tips para prevenir adicciones en adolescentes y jóvenes
- Fomentar el diálogo abierto y sin juicios: Es clave que los adolescentes sientan confianza para hablar de sus inquietudes sin miedo a ser castigados o incomprendidos. Escuchar sin interrumpir y validar sus emociones fortalece la comunicación.
- Educar sobre los riesgos de las adicciones: Hablar de manera clara y realista sobre los efectos de las sustancias, sin exageraciones ni alarmismo, ayuda a que tomen decisiones informadas. Adaptar el mensaje según la edad y madurez del joven es fundamental.
- Ser un modelo positivo: Los adolescentes aprenden más del ejemplo que de las palabras. Evitar normalizar el consumo de sustancias en casa y promover hábitos saludables refuerza su capacidad de decir «no» en situaciones de presión social.
- Fortalecer la autoestima y la autonomía: Una persona joven segura de sí misma y con habilidades para afrontar problemas sin evadirlos con sustancias tendrá menos probabilidades de desarrollar una adicción. Es importante reconocer sus logros y enseñarles a gestionar la frustración.
- Promover actividades saludables: Deportes, arte, voluntariado o cualquier actividad que despierte su interés y los haga sentir parte de un grupo positivo reduce el riesgo de consumo. Estas experiencias les proporcionan bienestar y sentido de pertenencia.
- Establecer normas claras y límites saludables: Las reglas sobre el consumo de sustancias deben ser consistentes y razonables. Explicar el porqué de cada norma y sus consecuencias refuerza la responsabilidad sin necesidad de imponer un control excesivo.
- Observar y conocer a sus amistades: El grupo de pares influye mucho en las decisiones de los adolescentes. Conocer a sus amigos y fomentar relaciones positivas les ayuda a rodearse de personas que compartan valores saludables.
- Detectar y abordar signos de estrés, ansiedad o depresión: Muchas veces, el consumo de sustancias es una forma de escape ante problemas emocionales. Estar atentos a cambios en su estado de ánimo y ofrecer apoyo profesional si es necesario puede prevenir el desarrollo de una adicción.
- Evitar el acceso fácil a sustancias: Limitar el acceso en casa a alcohol, tabaco o medicamentos de prescripción ayuda a reducir la experimentación temprana. Supervisar y hablar sobre su uso con responsabilidad es fundamental.
- Buscar ayuda profesional si es necesario: Si hay señales de alerta o sospechas de consumo, acudir a un especialista en prevención y tratamiento de adicciones puede hacer una gran diferencia. No hay que esperar a que el problema avance para actuar.
La prevención de adicciones es construir un entorno donde las personas jóvenes tengan herramientas para tomar decisiones responsables. La clave está en el acompañamiento, la educación y el apoyo emocional.
Llámanos al 699 480 480 o si lo prefieres prevencionadicciones@madrid.es
Verónica Rabadán Prados
Educadora Social del Servicio PAD

