Cuando hablamos de prevención de adicciones, a menudo se nos viene a la cabeza la idea de prohibir, controlar o vigilar.
Pero la verdadera clave está en otro lugar: en comprender qué protege a las personas adolescentes y jóvenes, y qué las hace más vulnerables.
Imaginemos una balanza: en un lado están los factores de protección y en el otro, los factores de riesgo. Dependiendo de cuál pese más, las posibilidades de desarrollar una adicción se reducen o aumentan. Este equilibrio no es estático, y entenderlo desde una perspectiva socioeducativa nos permite acompañar mejor a adolescentes y jóvenes en su crecimiento personal.
Qué son los factores de protección
Los factores de protección son como las piezas de una armadura emocional y social que fortalecen a los/las adolescentes. Les permiten enfrentar las presiones del entorno y tomar decisiones con mayor autonomía y seguridad. Algunos ejemplos que muestran bien estos factores podrían ser:
- Una comunicación familiar abierta y de confianza, donde se puedan expresar dudas, preocupaciones o emociones sin miedo al juicio.
- Amistades positivas, que respetan las decisiones individuales y no exigen consumir para “encajar” en el grupo.
- Tiempo libre de calidad, con actividades que motiven, inspiren y conecten: practicar deporte, bailar, tocar música, aprender algo nuevo, hacer voluntariado…
- Acceso a información clara, realista y cercana sobre los riesgos del consumo y de otras conductas adictivas, evitando discursos alarmistas o poco creíbles.
- Habilidades para la vida cotidiana: aprender a decir que no, manejar el estrés o la frustración, tomar decisiones conscientes, resolver conflictos y expresar emociones.
- Una autoestima sólida y fuerte, que permita sentirse válido, aceptado y capaz de sostener sus propias decisiones, incluso cuando van contracorriente.
Estos factores no solo previenen el consumo de sustancias y el uso problemático de pantallas, sino que promueven el bienestar general, la salud mental y el sentido de pertenencia. Son herramientas de vida que se construyen día a día, en casa, en la escuela, en el barrio.
Qué son los factores de riesgo
Los factores de riesgo son las grietas en ese escudo protector. Son situaciones, carencias o entornos que aumentan la posibilidad de que una persona se refugie en el consumo o en el uso de pantallas como forma de evasión, pertenencia o afrontamiento emocional. Algunos de estos factores incluyen:
- Falta de acompañamiento en el entorno familiar: ausencia de referentes adultos que escuchen, orienten o simplemente estén disponibles emocionalmente.
- Presión del grupo de iguales, especialmente cuando se normaliza el consumo o el uso de pantallas como parte de la diversión o del “ser parte del grupo”.
- Aburrimiento crónico o falta de alternativas de ocio, donde la rutina y la desmotivación se vuelven terreno fértil para la búsqueda de sensaciones intensas.
- Entornos donde el consumo se justifica o minimiza, como en casas donde se permite beber alcohol a menores o se naturaliza el uso de porros “porque no es para tanto”.
- Inseguridad personal o baja autoestima, que puede llevar a la necesidad de “desinhibirse” para sentirse válido o aceptado.
- Emociones difíciles no gestionadas, como tristeza, ansiedad o enfado, que buscan un canal de escape inmediato.
Un ejemplo cercano para entender esto mejor: “Dos jóvenes que comparten edad, barrio y amistades pueden tener realidades internas muy distintas. Uno puede sentirse apoyado, con espacios de expresión y actividades que lo motivan. El otro, a pesar de tener acceso a lo mismo en apariencia, puede sentirse solo, sin rumbo o buscando refugio en dinámicas que lo exponen más.”
Aquí es donde entra la importancia de mirar más allá de lo visible y atender el contexto emocional y relacional de cada joven.
El contexto cambia por completo la balanza
¿Se pueden reforzar o reducir estos factores de los que hablamos? La buena noticia es que sí se puede actuar sobre ambos tipos, tanto los de protección como los de riesgo. Nada está completamente determinado. Tanto los factores de protección como los de riesgo pueden cambiar si intervenimos con tiempo, sensibilidad y coherencia. Algunas acciones posibles podrían ser:
- Mejorar la comunicación familiar, escuchando sin juzgar, validando emociones y mostrando disponibilidad.
- Ofrecer alternativas de ocio que sean accesibles, atractivas y reales, especialmente para quienes no se sienten identificados con las propuestas más habituales.
- Fomentar redes de apoyo entre iguales, donde el respeto y la autonomía sean valores compartidos.
- Compartir información realista y adaptada a la edad, sin dramatismos, pero sin minimizar los riesgos.
- Desarrollar habilidades para la vida desde la infancia, no solo desde la teoría, sino a través de experiencias, juego, acompañamiento y modelos positivos.
Además, es fundamental detectar a tiempo señales de malestar emocional o situaciones de riesgo, para poder intervenir antes de que se consoliden patrones perjudiciales.
El papel de la prevención
Prevenir no es solo repetir la frase “no consumas”. Es crear condiciones para que esa frase tenga sentido. Es sembrar confianza, sentido de pertenencia, autoestima y alternativas reales.
La prevención efectiva es una tarea compartida: familias, centros educativos, profesionales, asociaciones, comunidad. Todos tenemos algo que aportar. Cuando creamos espacios donde se puede hablar sin miedo, donde se escucha sin juzgar, donde el ocio sano es una opción real y donde las emociones tienen lugar, la balanza se inclina hacia la protección. Porque nadie es inmune a las adicciones, pero sí podemos construir entornos donde sea más fácil elegir con libertad, sin trampas, sin presiones. Prevenir es acompañar. Es mirar. Es estar.
Invertir hoy en factores de protección no es solo prevenir conductas adictivas: es apostar por una generación con más recursos internos, con más opciones reales y con más capacidad para decidir su camino sin hipotecar su futuro. Desde el Servicio PAD trabajamos esta prevención, ofreciéndoles herramientas y equipando su mochila para que sean capaces de enfrentarse a estas grietas.
Llámanos al 699 480 480 o si lo prefieres prevencionadicciones@madrid.es
Miriam Estébanez González
Educadora Social del Servicio PAD

