La familia es el primer círculo de socialización de los hijos e hijas, en ella se adquiere la integración de formas de comportarse, habilidades para la vida (autoconocimiento, manejo de emociones y sentimientos, manejo de estrés, comunicación asertiva, relaciones interpersonales, toma de decisiones…). Es por ello, la importancia de estar presentes en la vida de nuestros hijos e hijas ya que existe un mundo donde las redes sociales moldean tendencias y comportamientos, a menudo olvidamos que los primeros y más influyentes modelos a seguir en la infancia no son celebridades ni creadores de contenido, sino sus propios padres y madres. Desde la infancia, observan, imitan y aprenden de las actitudes, valores y hábitos de sus cuidadores. Esta influencia es clave cuando se trata de la prevención de adicciones en adolescentes y jóvenes.
El poder del ejemplo: más que palabras, acciones
Nos podemos plantear, si la mayor influencia de interferir en la crianza es a través del ejemplo y las acciones, qué ocurre con la influencia de las redes sociales y la influencia de las amistades en la adolescencia.
Es importante destacar la necesidad de sentimiento de pertenencia al grupo de iguales en la adolescencia y las redes sociales lo saben hacer muy bien, porque en ellas observamos la exposición de un mundo artificial donde no hay espacio para la expresión de sentimientos opuestos a la alegría, son contenidos atractivos, con poca implicación y esfuerzo sumado a la característica de tendencia absoluta. No pasa de moda porque ellos y ellas mismas crean ese contenido.
Cuando se escucha a la adolescencia, verbaliza la invasión que sienten con las redes sociales y expresan la necesidad de “desintoxicarse” de este mundo digital y conectar con la realidad, esta realidad está compuesta por los vínculos familiares y de amistades presenciales.
En este punto es importante tener presente la influencia de las amistades ya que se convierten en un deseo de ser amados y el miedo a no serlo, entienden las amistades como algo incondicional, un lugar compartido sin imposiciones ni exigencias.
Cuando abordamos la prevención de adicciones se reflexiona como el consumo de drogas, uso abusivo de redes sociales, videojuegos, internet y juego de azar puede estar influenciados por estos dos puntos, las relaciones a través de plataformas online y las relaciones de amistad presencial que finalmente se unen como dos formas de comunicarse, lo virtual y lo real.
En este punto, el papel de la familia se hace imprescindible para amortiguar los desequilibrios de una etapa de búsqueda de sentido a la vida.
La crianza basada en el ejemplo es una de las herramientas más poderosas en la educación de los hijos e hijas. Los adolescentes no solo escuchan lo que los padres y madres dicen, sino que prestan especial atención a lo que hacen. Si en casa se normaliza el consumo de alcohol, tabaco o vapeo en reuniones familiares, los y las jóvenes pueden percibirlo como algo inofensivo o socialmente necesario. Si en casa, el tiempo para escuchar a hijos e hijas se convierte en tiempo invertido en estar conectado a un móvil, se normaliza las relaciones distantes y superficiales.
Comunicación abierta: la clave de la prevención
Más allá del ejemplo, la comunicación juega un papel fundamental. La adolescencia es una etapa en la que los jóvenes buscan independencia, pero eso no significa que las familias deban alejarse. Al contrario, mantener un diálogo constante y sin juicios puede marcar la diferencia.
Algunas estrategias para fomentar una comunicación efectiva incluyen:
- Escuchar sin interrumpir: Permitir que hijos e hijas expresen sus pensamientos sin miedo a ser castigados o ignorados.
- Hablar sobre las consecuencias reales: En lugar de imponer normas sin explicación, es importante compartir información basada en evidencia sobre los efectos del consumo de sustancias.
- Fomentar el pensamiento crítico: Enseñarles a cuestionar la información que reciben en redes sociales y a tomar decisiones informadas sobre su bienestar.
- Analizar cuáles son las creencias que tienen sobre el consumo de sustancias, uso de redes sociales y videojuegos y juego de azar.
- Pedir ayuda a profesionales para informarse de los riesgos y así poder acompañar a la adolescencia en el tránsito de los peligros sobre las adicciones.
Límites y supervisión: el equilibrio entre confianza y control
La supervisión no implica una vigilancia extrema, sino un acompañamiento respetuoso. Establecer normas claras sobre el uso de dispositivos electrónicos, horarios de salida y consumo de sustancias ayuda a los adolescentes a desarrollar autocontrol.
Un informe del National Institute on Drug Abuse (NIDA) señala que los adolescentes que sienten que sus padres están atentos a sus actividades tienen menos probabilidades de involucrarse en el consumo de drogas (fuente: NIDA.NIH.GOV | Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos).
Fomentar hábitos saludables, actividades alternativas y ocupar el tiempo libre con actividades deportivas, artísticas o de voluntariado no solo reduce el riesgo de adicciones, sino que también fortalece la autoestima y el sentido de propósito en los jóvenes.
Además, el manejo del estrés y las emociones es clave. Si un adolescente ve que sus padres recurren al alcohol o al tabaco para lidiar con problemas, es probable que adopte esa misma estrategia en el futuro. En cambio, si aprende habilidades de afrontamiento saludables, tendrá más herramientas para enfrentar los desafíos de la vida sin recurrir a sustancias.
Ser un buen” influencer” para hijos e hijas no implica ser perfectos, sino ser coherentes, presentes y brindarles las herramientas necesarias para enfrentar la vida con seguridad y autonomía.
El efecto espejo: más allá de las palabras
Los adolescentes pueden cuestionar los consejos de sus padres y madres, pero lo que más influye en su comportamiento es lo que ven. No basta con decirles «no fumes» o «no bebas» si en casa los adultos recurren a estas sustancias con frecuencia.
El cuestionamiento de la adolescencia hacia el mundo adulto tiene su raíz en poner en movimiento cuál es su valía personal, sus capacidades y habilidades y todo lo adquirido en las etapas más tempranas, por ello la prevención de adicciones se inicia cuando aún como referentes se tiene el espacio de los hijos bajo el paraguas del hogar; momento para equipar con valores el futuro más próximo que se acerca con peligros y puestas en escena de lo aprendido.
Este efecto espejo se puede utilizar de manera positiva:
- Demostrar autocontrol y hábitos saludables: Si los padres practican ejercicio, gestionan el estrés de forma saludable y mantienen una alimentación equilibrada, es más probable que sus hijos adopten estos hábitos.
- Enseñar estrategias de afrontamiento: Mostrar cómo se manejan los problemas sin recurrir a sustancias ayuda a los adolescentes a desarrollar resiliencia.
- Practicar lo que se predica: La coherencia entre lo que se dice y lo que se hace fortalece la credibilidad de los padres como guías.
El poder del vínculo familiar
Más allá del ejemplo y la comunicación, la relación emocional familiar es un factor clave en la prevención de adicciones. Un adolescente que se siente escuchado, valorado y apoyado en casa tiene menos necesidad de buscar aceptación en grupos donde el consumo de sustancias es común.
Algunas formas de fortalecer este vínculo incluyen:
- Dedicar tiempo de calidad: Compartir actividades en familia refuerza la conexión emocional y fomenta un ambiente de confianza.
- Fomentar la autonomía con límites: Dar espacio para que los adolescentes tomen decisiones, pero dentro de un marco de normas claras.
- Estar presentes emocionalmente: Más allá de la supervisión, es importante que los adolescentes sientan que pueden contar con sus padres sin miedo a ser juzgados.
- Mostrar las vulnerabilidades como padres y madres: solicitando a los hijos e hijas como poder atravesar esta etapa de necesidad de independencia, pero con atisbos de vínculos fuertes en familia.
Recuerda, eres su primer “influencer”
Los influencers digitales pueden marcar tendencias pasajeras, pero la influencia de la familia deja una huella permanente. En la adolescencia, cuando los jóvenes buscan referentes fuera del hogar, la educación y el ejemplo familiar siguen siendo su principal brújula.
Ser el «primer influencer» de un hijo o hija, no significa imponer normas sin explicación, sino guiar con el ejemplo, fortalecer el vínculo afectivo y ofrecer herramientas para que pueda tomar decisiones informadas. La prevención de adicciones no empieza en la escuela ni en los medios de comunicación, sino en casa, con cada gesto, conversación y elección que las familias hacen a diario.
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Isabel Romero Carmona
Educadora Social del Servicio PAD

