El consumo de hipnosedantes, como benzodiacepinas y otros sedantes, ha aumentado significativamente entre adolescentes en los últimos años. Este fenómeno preocupa tanto por los riesgos asociados como por la facilidad de acceso a estos fármacos sin receta médica.
Según la Encuesta ESTUDES 2023, el 19,6 % de los estudiantes de 14 a 18 años ha consumido hipnosedantes alguna vez, el 14,8 % en el último año y el 8,2 % en el último mes. Este consumo es más frecuente entre chicas (26,1 %) que entre chicos (13,3 %). Además, la edad media de inicio se mantiene en torno a los 14 años.
¿Qué son los hipnosedantes?
Son medicamentos que se administran con receta médica y que actúan sobre el sistema nervioso central para tratar la ansiedad, el insomnio o trastornos convulsivos. Su consumo sin control médico puede generar tolerancia, dependencia, síndrome de abstinencia y otros problemas de salud.
Motivos y motivaciones del consumo en adolescentes
Hay diversos factores que contribuyen al consumo de hipnosedantes en la adolescencia:
- Automedicación para el manejo del estrés y la ansiedad: La presión académica, problemas familiares o sociales pueden llevar a las jóvenes a utilizarlos.
- Inducción del sueño y búsqueda de relajación: en ocasiones la búsqueda de estos efectos es como compensación a la utilización de otras drogas estimulantes.
- Influencias sociales: La percepción de que el consumo de hipnosedantes es común o aceptable en su entorno puede incentivar su uso.
- Búsqueda de efectos recreativos: Además de la experimentación propia de esta etapa, algunas personas los combinan con alcohol para intensificar sus efectos, una práctica muy peligrosa por ser dos sustancias depresoras del sistema nervioso central.
Accesibilidad sin receta y mercado negro
Aunque los hipnosedantes deberían conseguirse solo con receta médica, acceder a ellos sin ningún control es demasiado fácil. Es preocupante ver cómo se ha ido normalizando su uso no médico casi como si fueran algo sin importancia que se comparte entre iguales.
Lo más grave es que en algunos entornos circulan con total libertad: se compran por redes sociales, se consiguen en el mercado negro o simplemente se comparten en el grupo como si no pasara nada. Esta normalización del consumo refleja una falta de conciencia sobre los riesgos y evidencia la necesidad de generar espacios seguros donde las personas más jóvenes puedan hablar abiertamente de sus emociones, sin recurrir a sustancias como vía de escape.
Riesgos y consecuencias para la salud
El consumo de hipnosedantes y benzodiacepinas, sobre todo sin control médico, puede parecer inofensivo al principio, pero trae consigo muchos riesgos para la salud.
- Dependencia y síndrome de abstinencia: Estos fármacos pueden generar dependencia en poco tiempo, haciendo que la persona necesite cada vez más para sentir el mismo efecto o incluso para poder dormir o calmarse. Cuando se usan por mucho tiempo al intentar dejarlos pueden aparecer síntomas bastante duros, como ansiedad, insomnio, temblores o malestar general, lo que se conoce como síndrome de abstinencia.
- Efectos secundarios: adormecimiento, confusión, pérdida de coordinación (sensación de mareo) y su uso prolongado afecta la memoria, la concentración y puede provocar cambios en el estado de ánimo, como ansiedad o depresión.
- Mezclas peligrosas: Uno de los mayores riesgos es combinarlos con otras sustancias, especialmente el alcohol que puede afectar seriamente la respiración o incluso llevar a un coma.
Prevención de adicciones
El consumo de hipnosedantes sin receta es una problemática compleja que no puede abordarse solo desde la sanción o la intervención médica. Es necesaria una prevención integral y comunitaria, centrada en el desarrollo de competencias personales, el acompañamiento educativo y la construcción de entornos protectores.
La prevención comienza con la educación y sensibilización. Es necesario acercar información clara y accesible a adolescentes y familias sobre los riesgos reales del uso inadecuado de estos fármacos, promoviendo una visión crítica sobre su consumo. Esta tarea debe estar presente en espacios educativos, formales y no formales, y adaptada a su realidad y lenguaje.
El rol de la familia es esencial. Promover un control adecuado de los medicamentos en el hogar y una comunicación abierta permite reducir el acceso no autorizado, pero también genera vínculos que refuerzan la confianza y la corresponsabilidad.
Desde la intervención preventiva se da prioridad al fortalecimiento de habilidades emocionales y sociales. Dotar a las personas más jóvenes de herramientas como la gestión emocional, la empatía, la comunicación asertiva y el pensamiento crítico les permite afrontar de forma saludable situaciones de estrés o presión social. Este enfoque no solo reduce el riesgo de consumo, sino que impulsa la autonomía, la resiliencia y el empoderamiento.
Además, la prevención no puede desvincularse del contexto. Es fundamental que existan políticas públicas efectivas que regulen el acceso a estos medicamentos, y que se fomenten entornos comunitarios seguros, inclusivos y participativos. La oferta de actividades educativas, culturales y deportivas desde lo local puede actuar como un importante factor protector.
En definitiva, prevenir el consumo de hipnosedantes en la adolescencia requiere una mirada educativa, relacional y comunitaria. Implica acompañar procesos, construir alternativas y ofrecer oportunidades reales para que los y las jóvenes puedan desarrollarse plenamente, tomar decisiones informadas y enfrentar los desafíos cotidianos sin recurrir a sustancias que comprometan su salud y su futuro.
Llámanos al 699 480 480 o si lo prefieres prevencionadicciones@madrid.es
Santiago Redondo Bueno
Educador Social del Servicio PAD

