Durante años, el cloretilo , un espray frío presente en botiquines deportivos, consultas médicas o estudios de tatuaje, ha pasado prácticamente desapercibido. Se utilizaba como anestésico local de acción rápida, un producto legal, barato y fácil de adquirir.
Sin embargo, en los últimos meses, profesionales de prevención de adicciones y equipos de intervención socioeducativa están alertando de un aumento significativo del consumo recreativo de esta sustancia entre adolescentes y jóvenes, especialmente en contextos de ocio nocturno y consumo de alcohol y otras sustancias.
La preocupación es real: detrás del aparente “subidón rápido” que provoca el cloretilo se esconden riesgos físicos, neurológicos y cardiacos que suelen estar gravemente infravalorados. Hace apenas unos días, en este mismo blog y en las redes sociales del Servicio PAD advertíamos del incremento del consumo juvenil de óxido nitroso subrayando, como hacemos de nuevo, la falsa percepción de seguridad que rodea a estos productos.
¿Qué es exactamente el cloretilo?
El cloretilo, también llamado cloruro de etilo o cloroetano, es un anestésico local utilizado desde principios del siglo XX. Hoy su uso sanitario se limita a la anestesia tópica de duración breve o como aerosol criogénico (frio) para aliviar dolor muscular o deportivo.
Su mecanismo de acción es simple: al pulverizarse, provoca un enfriamiento intenso que genera anestesia local inmediata. El problema surge cuando se inhala para obtener efectos psicoactivos.
Cómo lo consumen los jóvenes
En España puede adquirirse sin receta, lo que facilita su acceso entre jóvenes. El patrón más habitual consiste en pulverizar el espray sobre una prenda, pañuelo o tela para inhalar profundamente sus vapores.
Los efectos aparecen en segundos: euforia, desinhibición, risa fácil, mareo y alteración de la percepción de la realidad de corta duración. Estos efectos inmediatos, unidos a su bajo precio y aparente legalidad (producto de venta regulada), lo convierte en una sustancia de fácil acceso y aparente inocuidad para algunos/as adolescentes. Pero su origen de uso sanitario y su disponibilidad no implica ni mucho menos seguridad fuera de sus indicaciones de uso y su aplicación tópica (sobre la piel). Es una sustancia que deja de ser segura cuando se usa fuera de su finalidad y mucho más cuando se utiliza por vías de aplicación que son clínicamente muy peligrosas.
Una sustancia que conecta con nuevas formas de consumo adolescente
El consumo de cloretilo, como le ocurre al óxido nitroso, encaja con nuevos patrones en el consumo de sustancias que, desde el Servicio PAD llevamos tiempo observando en adolescentes y jóvenes. Estos patrones no siempre responden a la búsqueda de “fiesta”, sino a dinámicas más amplias relacionadas con consumo impulsivo y grupal, con la presión del entorno para probar cosas nuevas y de fácil acceso sin el estigma de sustancias ilegales, el objetivo de desinhibición rápida, la búsqueda de sensaciones intensas y la falta de aceptación del aburrimiento.
Pero, en ocasiones, su uso se relaciona con la baja tolerancia al malestar, las dificultades para la autorregulación emocional y la búsqueda de desconexión y alivio inmediato de sentimientos o emociones negativas.
Cada vez es más evidente que muchos consumos emergentes funcionan como estrategias rápidas para gestionar ansiedad, inseguridad o tensión emocional, más que como simples prácticas recreativas. Y las sustancias inhalantes, por su efecto inmediato, encajan especialmente bien en esa lógica de “escape rápido”.
Los riesgos reales del cloretilo
Aunque algunos jóvenes lo perciban como “sustancia conocida y de efecto breve”, los riesgos pueden aparecer incluso con consumos esporádicos. Además, con el cloretilo al igual que como ocurre con otros inhalantes, es imposible controlar la dosis inhalada: el paso de la euforia a la intoxicación grave puede ser cuestión de segundos.
La literatura científica sobre inhalantes es extensa y describe efectos adversos neurológicos y cardiacos. Los de tipo neurológico se referencian como mareos intensos y pérdida de coordinación, desorientación y confusión, náuseas y vómitos, pérdidas de memoria, pérdida de consciencia o convulsiones, y los efectos adversos de tipo cardiaco se concentran en arritmias graves que pueden llegar a desembocar en una parada cardiorrespiratoria. De hecho, uno de los riesgos más documentados es el “síndrome de muerte súbita por inhalantes” asociado a alteraciones bruscas y sostenidas del ritmo cardiaco que pueden aparecer incluso en personas sanas.
Como es lógico, estos riesgos aumentan notablemente si las sustancias inhalables se combinan con alcohol o con otras sustancias psicoactivas.
Un fenómeno que recuerda al auge del óxido nitroso
El crecimiento del cloretilo guarda similitudes con el reciente aumento del consumo de óxido nitroso. En ambos casos son productos de venta en canales legales, lo que les asocia una baja percepción peligrosidad y su consumo grupal ha tenido una rápida difusión en redes sociales.
Todo ello nos hace pensar que estamos aún en una fase inicial de visibilización del fenómeno. Pero una prevención eficaz empieza cuando se evidencian los primeros indicadores del uso de nuevas sustancias o del establecimiento de nuevos patrones de consumo. Porque detrás de muchos de estos usos no solo hay una búsqueda de diversión o experimentación. A veces lo que aparece es la necesidad de desconectar rápido, reducir la ansiedad, sentirse parte de un grupo de pertenencia y conexión afectiva, apagar pensamientos incómodos o aliviar un malestar que muchos adolescentes no saben todavía cómo gestionar de otra manera.
Por eso, desde el Servicio PAD tenemos la obligación de informar con claridad sobre los riesgos reales asociados al consumo de sustancias como el cloretilo o el óxido nitroso. Pero tenemos otra responsabilidad igual de importante: comprender qué está ocurriendo detrás de estos nuevos patrones de consumo juvenil.
Necesitamos escuchar más para entender mejor.
Tenemos que entender qué sienten, qué les preocupa, qué dificultades encuentran para manejar la frustración, la presión social, la inseguridad o el malestar emocional cotidiano. Porque solo desde esa comprensión profunda podemos desarrollar estrategias preventivas verdaderamente útiles y cercanas a su realidad.
La prevención no consiste únicamente en advertir del peligro. Consiste también en ayudar a adolescentes y jóvenes a fortalecer su capacidad de afrontamiento, su regulación emocional, su pensamiento crítico y su autoestima. Consiste en ofrecer herramientas personales y relacionales que les permitan gestionar sus emociones e inseguridades sin necesidad de recurrir a sustancias para anestesiarlas o escapar momentáneamente.
Quizá uno de los grandes retos preventivos actuales sea ayudar a toda una generación a desarrollar más recursos internos para sostener la vida cotidiana con mayor seguridad, mayor conciencia y mayor bienestar emocional.
Si necesitáis más información, ¡podemos ayudaros!
Equipo Servicio PAD

