Una de las características que tiene esta crisis sanitaria en la que nos encontramos es que está afectando a todo el mundo, hombres, mujeres, mayores y pequeños, independientemente de la condición económica o social, profesión, etc.

 

Estamos intentando adaptarnos a ello, cuidarnos, vivir las nuevas circunstancias y nuevas formas de trabajo, de estudio, de relaciones, de comunicación. Muchos cambios que hacen que nuestra atención y esfuerzos estén dedicados a adaptarnos, a dar prioridad a aspectos de nuestro día a día que antes no estaban, o no necesitaban ese esfuerzo.

Se trata, sin duda, de un momento diferente, lleno de emociones y sentimientos que llegan de manera repentina y que supone un proceso difícil,  que se va alargando en el tiempo…

 

Aún así, es importante tener en cuenta que hay circunstancias que permanecen y no cambian, seguimos teniendo necesidades que ya existían antes de esta crisis, ya que nuestra familia continúa y los hijos e hijas siguen creciendo. Siempre hemos puesto mucha atención en la adolescencia como un período en el que los chicos y las chicas cambian, un periodo de cambio que les  acerca a situaciones que pueden suponer un riesgo y debemos educar para que se cuiden, se protejan y adquieran habilidades que les permitan tomar decisiones adecuadas.

 

Es fundamental no perder ni dejar de lado aquellas necesidades que como familia surgen cuando se llega la adolescencia. Periodo de cambio, de transformación para todos. Desde el lado de la prevención entendemos que debemos estar preparados para transitar este momento. Y no dudamos que puedan aparecer momentos en que resulte difícil y pueda ser necesario pedir ayuda.

 

Uno de los aspectos que creemos que está influyendo mucho en los y las adolescentes tiene que ver con el cambio que la crisis sanitaria ha impuesto en su forma de relación social (aspecto de peso para su proceso de indenpendencia). Uso de la mascarilla, número reducido de amigos y amigas con los que juntarse, disminución de las actividades grupales o gestión muy diferente de los grupos, horarios restringidos, estudios semi-presenciales, teniendo un efecto en el aumento del uso de tecnologías para comunicarse. Por supuesto, hemos de adaptarnos a nuevas situaciones y flexibilizar, pero sin dejar de dar importancia, fomentar y motivar para que las actividades “presenciales” puedan mantenerse.

 

Actualmente las nuevas tecnologías están más presentes, y están siendo muy útiles para manejar infinidad de cambios que se han producido, pero debemos recordar que las relaciones personales “cara a cara” continúan siendo importantes para la adquisición de habilidades sociales, experiencias de ocio, comunicación, gestión emocional… y estos beneficios se producen tanto en las relaciones con iguales como dentro de la familia.

 

Aprovechemos estos cambios para recuperar, también, espacios familiares de convivencia y de disfrute “en persona”, en donde encontrarnos y compartir, recordar y retomar aspectos que quizá quedaron en un segundo plano debido a nuevas prioridades….  No olvidemos que las tecnologías son importantes y útiles, pero son una forma más de comunicación y, en todo caso una forma más de ocio, PERO NO LA ÚNICA.

 

María Bejarano

Psicóloga y Orientadora Familiar del Servicio PAD