Vivimos pegados a una pantalla. No importa la hora: antes de dormir, al despertar, en el baño, en el metro, en una reunión (aunque no lo admitamos). El pulgar se desliza casi por inercia, buscando algo: aprobación, entretenimiento, conexión… o un like que nos recuerde que estamos “ahí”, que importamos, que alguien nos vio.
Las redes sociales llegaron para quedarse. No hay duda. Gracias a ellas podemos acercarnos a personas que están a kilómetros, aprender cosas nuevas, inspirarnos, denunciar injusticias, vender, emprender, encontrar trabajo o simplemente reírnos un rato. Todo eso es maravilloso. Pero, como todo, tiene un lado B, y muchas veces lo ignoramos.
Ese lado B aparece cuando publicamos una foto y pasamos la siguiente hora actualizando la pantalla cada tres segundos para ver quién le dio like. Cuando borramos una publicación porque “no tuvo tantos likes como esperaba”. Cuando pasamos horas comparando nuestra vida con la de otros, sin recordar que la mayoría muestra solo lo bonito, lo filtrado, lo editado.
Cuando creemos que la felicidad ajena cabe en un carrete de fotos perfectas.
El precio de un «like».
El problema no es el like en sí. Ni la red social. El problema empieza cuando nuestra autoestima empieza a depender de esa validación externa. Cuando convertimos el aplauso virtual en combustible para sentirnos suficientes.
Y cuando eso pasa, surgen riesgos muy reales:
Comparación constante: Nos comparamos con cuerpos, viajes, casas y éxitos que muchas veces ni siquiera son reales (sí, existen apps para borrar barriga, arrugas, manchas, añadir músculos y hasta cambiar el cielo de una foto).
Aislamiento: Irónicamente, mientras más tiempo pasamos “conectados”, más desconectados podemos sentirnos de la vida real.
Pérdida de tiempo: Horas que podríamos dedicar a crear, leer, salir, charlar, descansar… se escurren deslizando el dedo sin rumbo.
Ansiedad: Si subo algo, ¿gustará? ¿Qué van a decir? ¿Y si no lo comentan? ¿Y si no reciben mi mensaje?
Falsa identidad: A veces terminamos mostrando una versión de nosotros que ni siquiera se parece a la real, solo para “encajar”.
Todo por un «like».
No se trata de demonizar las redes. Este no es un post para que cierres Instagram, Facebook o TikTok mañana mismo. Ni para que tires tu móvil por la ventana. Tampoco para que te sientas culpable por disfrutar lo bueno que tienen. Porque sí: tienen cosas muy buenas. Este es un recordatorio de que no puedes dejar tu autoestima en manos de un algoritmo. Que no vale la pena hipotecar tu bienestar emocional a cambio de corazones rojos que aparecen y desaparecen en segundos. Que la vida real —la que no siempre se ve bonita, la que no tiene filtros— es la que de verdad importa. Si alguna vez te sentiste atrapado/a en esa rueda de likes, no estás solo/a. Nos pasa a todos. Lo importante es ser consciente y tomar las riendas.
5 tips para usar redes de forma saludable:
- Filtra a quién sigues. Haz limpieza. Deja de seguir cuentas que te hagan sentir mal contigo mismo/a, que despierten envidia, frustración o esa vocecita interna que dice “no soy suficiente”. Llena tu feed de perfiles que te inspiren, te eduquen, te hagan reír de verdad, te motiven a crecer. Si sigues a alguien solo porque “toca”, pero cada post suyo te remueve inseguridades… reconsidera.
- Pon límites de tiempo: Todos sabemos lo fácil que es entrar “un minuto” y perder una hora. Usa temporizadores, alarmas o herramientas de control de uso. Dedica ratos sin móvil: comida sin scroll, paseos sin notificaciones, noches sin brillos de pantalla iluminando tu cara. Al principio cuesta, pero luego se vuelve liberador.
- Recuerda: lo que ves no es toda la verdad. Ese viaje perfecto, esa pareja feliz, ese cuerpazo, ese coche de lujo… Muchas veces hay mucho detrás que no se muestra: deudas, discusiones, estrés, soledad. No compares tu vida entera con la parte editada de la vida de otro. Cuando sientas el impulso de medir tu valor con la regla de otro, respira y vuelve a ti.
- Publica desde la autenticidad, no desde la necesidad: Antes de subir algo, pregúntate: ¿Lo hago porque quiero compartirlo o porque necesito aprobación? Cuando compartes algo que de verdad te importa, que nace de ti, se nota. Y si no recibe 1.000 likes… ¿y qué? Sigue siendo valioso. No todo tiene que ser perfecto para ser real.
- Sal más a la vida real: Suena obvio, pero se nos olvida. Queda con amigos cara a cara. Toma un café sin mirar el móvil. Mira a la gente a los ojos. Abraza. Juega. Camina sin auriculares. Observa la calle. Llama por teléfono en lugar de mandar un DM. Llena tu vida de momentos que no necesitan publicarse para existir.
Nadie se acuerda del like número 34.
Piénsalo: ¿Recuerdas cuántos likes tuvo tu foto favorita de hace tres años? ¿Recuerdas quién fue el seguidor 34? ¿Quién te comentó aquel reel?
Seguramente no. Porque lo que queda no es eso. Lo que queda es la vida que pasa mientras tanto: los recuerdos que no caben en una story, las carcajadas que no se pueden postear, los silencios compartidos, los tropiezos, los aprendizajes.
Lo que queda es quién eres cuando el móvil se apaga.
Y si algún día olvidas todo esto…
Vuelve a esta pregunta: ¿Vale la pena todo por un like? Que la respuesta sea tu recordatorio para volver a ti, a lo que eres sin filtros, sin cifras, sin algoritmos. Que uses las redes tú, y no al revés.
Que el único like que nunca te falte sea el tuyo.
Llámanos al 699 480 480 o si lo prefieres prevencionadicciones@madrid.es
Rocío Rísquez Delgado
Coordinadora Equipo Educación Social del Servicio PAD

